En 1997 la familia Von Knobloch viajó a Ontario en busca de proveedores de madera de arce rojo, el árbol nacional de Canadá con el que la señora Von Knobloch diseñaba exclusivos muebles para la alta sociedad española.Se trataba de un matrimonio de artistas, la madre era diseñadora de interiores y mobiliario mientras que el padre era un famoso escultor. Sus tres hijos habían heredado las aptitudes artísticas de sus padres pero sin duda era Jimena, la pequeña de la casa, la que parecía tener una sensibilidad especial ante todo lo que le rodeaba.

El primer día de las vacaciones la familia fue a visitar el Parque Nacional de Point Pelee. Las vistas eran sobrecogedoras, las ramas de los arces teñían de rojo el paisaje convirtiéndolo en una estampa otoñal en pleno mes de junio. Jimena estaba entusiasmada, ya que la pequeña era una enamorada de la naturaleza capaz de admirar la belleza en cada flor y animal. En un momento del paseo, Jimena se paró mirando al suelo y su madre advirtió que estaba a punto de llorar. Su madre se acercó y vio tres mariposas inmóviles entre las hojas de los arces y sintió pena y a la vez orgullo por el corazón tan noble de su pequeña. Entonces le contó que no debía estar triste ya que esas mariposas habían cumplido con su objetivo: llegar hasta Canadá y guiar a sus descendientes hasta su próximo destino.


Se trataba de la mariposa Apodemia, una especie que viaja desde Brasil hasta Canadá y cuyos miembros solo viven unas semanas. Lo asombroso de estos animales es que las madres transmiten a sus crías la información necesaria para completar el camino, igual que hacía su madre. El paso de los años no hizo a Jimena olvidar esta historia sino que la joven se interesó cada vez más por la Apodemia y hablaba con frecuencia de ello con sus padres y amigos.

 Además de su pasión por la naturaleza, Jimena desarrolló en su adolescencia un interés especial por la moda y la joyería. Empezó a visitar con frecuencia a su padre en el taller de escultura y aprendió la técnica de fundición de la cera perdida con la que podía crear pequeñas joyas a partir de moldes.

 Al principio las joyas estaba hechas con metales que su padre le proporcionaba pero con el pasó del tiempo, Jimena perfeccionó la técnica y se atrevió a confeccionar su primera joya de oro. Se trataba de un medallón en forma de mariposa fabricado en oro blanco con incrustaciones de piedras preciosas. Jimena estaba tan contenta con su creación que por primera vez, decidió ponérselo y contar a sus seres queridos lo que había estado haciendo en el taller.   La joven lució su joya en la fiesta de dieciocho   cumpleaños de su hermana menor. Se trataba de una fiesta muy elegante, a la que sus padres habían invitado a muchos amigos del mundo del arte, la moda y en general la alta sociedad española.


La presentación de la primera pieza fue un éxito, tanto que Jimena se sintió abrumada y decidió quitársela para dejar todo el protagonismo a  su hermana en un día tan especial, la guardó en el bolso y se fue a bailar con sus amigas. Al llegar a casa, las hermanas se quedaron hablando en la cocina y tomando un chocolate caliente como siempre hacían de pequeñas. Jimena se dio cuenta de que su hermana ya era una mujer, y por su dieciocho cumpleaños decidió regalarle algo realmente especial. Cogió su bolso para sacar el medallón y le cambió el gesto al abrirlo: la joya no estaba, ni ninguna de sus cosas, se había equivocado y había cogido un bolso de otra persona.

 Jimena pasó tres días llorando por la pérdida del medallón, la joven que creía mucho en el destino, pensaba que era una señal de que no tenía que seguir por el camino de la joyería. Sus padres hablaron con todos los invitados que pudieron localizar pero no hubo rastro del bolso.

 Al cabo de unas semanas Jimena volvía de la universidad y encontró a sus padres en el salón. Entró para saludarles y los ojos se le fueron inconscientemente al perchero, ¡su bolso estaba allí colgado! Jimena corrió a abrirlo y vio que estaba la joya en la que tanto había trabajado. No se lo podía creer, la joven empezó a saltar por el salón y se le escaparon unas lágrimas de alegría. Volvió a mirar dentro para ver que estaban el resto de sus cosas y encontró algo que no era suyo: Un billete a Londres.

 Su madre, que la estaba mirando desde que había entrado en la habitación, se acercó sonriendo y le contó que el bolso lo había encontrado una señora inglesa que había asistido a la fiesta como acompañante de un amigo de su padre. La señora Tilberis  había sido la editora jefe de una conocida revista de moda británica y había quedado prendada del diseño de Jimena, ¡quería conocerla en persona y ayudarla a lanzar su carrera!

 Jimena viajó a Londres y estableció allí un pequeño taller para diseñar sus joyas, con el apoyo que le brindó la revista sus diseño empezaron a ser muy conocidos entre la alta sociedad y las it-girls inglesas. En aquella época conoció a Jaime, un español afincado en Londres del que se enamoró enseguida. Jimena contó a su novio el viaje a Canadá que hizo con sus padres y la historia de la mariposa Apodemia, la joven echaba mucho de menos el contacto con la naturaleza en el bullicioso Londres. Un año más tarde Jaime propuso a su novia volver a Madrid y fundar juntos una marca de joyería artesanal inspirada en la naturaleza pero con un toque bohemio fruto de la influencia londinense. La pareja no se lo pensó, y llamaron a la nueva marca APODEMIA, como culminación de todo lo que había marcado este animal a la diseñadora.

En la actualidad, Jaime y Jimena visitan cada año uno de los países por los que viajan las mariposas Apodemia para ver a las colonias sobrevolar el cielo. La diseñadora inspira las colecciones de joyería de APODEMIA  en la cultura y la artesanía de los países que ha conocido desde entonces.